Con una producción anual de 16.000 kilos de chocolate y presencia en Ushuaia y El Calafate, Moala desembarca en Palermo Soho con una propuesta que combina chocolate de autor, diseño, identidad visual y experiencias inspiradas en la ciudad. La marca busca redefinir la forma de regalar y disfrutar el chocolate a través de piezas donde conviven oficio, creatividad y tecnología.
Buenos Aires, agosto de 2026. Moala, la chocolatería de autor creada en Ushuaia durante la pandemia por el maestro chocolatero Adrián Ramírez Cantarell, abre su primer local en Buenos Aires.
Ubicado en El Salvador 4723, Palermo Soho, el nuevo espacio cuenta con 120 metros cuadrados y demandó una inversión de USD 250.000. La apertura marca un nuevo paso en la expansión de la marca, que ya está presente en Ushuaia y El Calafate, y propone una experiencia donde el chocolate convive con el diseño, la ilustración, la arquitectura y una identidad visual especialmente desarrollada para cada ciudad.
La llegada de Moala a Buenos Aires se da, en un momento en el que el chocolate comienza a atravesar una transformación similar a la que vivieron el café de especialidad, el vino o la coctelería. Deja de ser pensado únicamente como un producto de consumo o un regalo tradicional para convertirse en una experiencia asociada al origen, el diseño, la calidad, la identidad y el compartir. En ese escenario, la marca apuesta por llevar la chocolatería hacia un territorio en el que el producto es tan importante como todo el universo creativo que lo rodea.
Actualmente, Moala produce más de 16 toneladas de chocolate al año, cuenta con 75 tipos de productos entre trufas, bombones, tabletas y figuras de chocolate, y registra un crecimiento sostenido del 15% anual. Con la apertura de Palermo, suma además una capacidad productiva propia en Buenos Aires y amplía una propuesta que busca combinar oficio chocolatero, creatividad y diseño.
Pero más allá de los números, Moala construyó una identidad propia a partir de una idea simple: reinterpretar el chocolate para crear piezas extraordinarias a partir de la intensidad del fin del mundo.
En un mercado históricamente asociado al consumo impulsivo, al souvenir turístico o a la chocolatería tradicional, Moala propone una mirada distinta. Sus bombones se exhiben como piezas de colección, el packaging funciona como parte de la experiencia y cada ciudad donde opera la marca desarrolla un universo visual propio.
“El chocolate tiene algo muy especial: una pieza pequeña puede despertar un recuerdo, cambiarte el ánimo o simplemente regalarte un buen momento. Para nosotros es una de las expresiones más puras de la pastelería y por eso buscamos trabajar cada chocolate con la máxima calidad, pero también con creatividad y sensibilidad”, explica Adrián Ramírez Cantarell, fundador y maestro chocolatero de Moala.
La propuesta combina técnica chocolatera, materia prima de origen internacional, rellenos elaborados artesanalmente y una fuerte apuesta por el diseño. El cacao utilizado proviene principalmente de África Occidental y Sudamérica, mientras que las coberturas son seleccionadas en Bélgica, Francia y Ecuador. También incorporó maquinaria proveniente de Italia y cuenta con moldes que fueron realizados en exclusiva e importados desde Bélgica. La marca además desarrolla sus propios rellenos y pastas de frutos secos, sin conservantes y bajo procesos propios.
El nuevo local se destaca por contar con un sector de producción a la vista, donde el público podrá ver parte del proceso de elaboración: terminaciones, detalles, pinceladas y el trabajo manual que vuelve única a cada pieza.
Un chocolate con identidad
En Moala, artistas, ilustradores y diseñadores forman parte del proceso creativo de cada propuesta. Su trabajo atraviesa el packaging, la ambientación de los locales y los distintos elementos visuales de la marca, construyendo una identidad particular para cada destino. De ese cruce entre arte, chocolate y territorio surgieron algunos de sus personajes de chocolate más reconocibles: la oveja de El Calafate, el pingüino de Ushuaia y ahora la vaca de Buenos Aires, figuras que reinterpretan el espíritu de cada ciudad.
La apertura de Palermo suma así un nuevo capítulo al universo de la marca, esta vez inspirado en Buenos Aires. La arquitectura, las calles, los espacios verdes, los íconos urbanos, la flora y la fauna porteña se traducen en ilustraciones, colores, packaging y productos exclusivos que le dan al nuevo local una personalidad propia.
Entre los productos destacados para la apertura se encuentran las cajas Vaquitas, las tabletas personalizadas, las cajas premium y las colecciones de bombones especialmente desarrolladas para el nuevo local.
El espacio contará además con un sector dedicado a Patagonia, concebido como el corazón conceptual de la marca y como un puente entre el origen fueguino de Moala y su desembarco en la capital argentina.
“Nacimos en Ushuaia, pero nuestro diferencial nunca fue solamente el lugar donde estamos. Lo que nos interesa es la libertad creativa que surge de crear lejos de las fórmulas tradicionales. Eso es lo que intentamos transmitir en cada producto, cada colección y cada espacio”, agrega Ramírez Cantarell.
Con esta apertura, Moala suma su tercer local y el primero fuera de la Patagonia, en una etapa que marca el inicio de su expansión hacia nuevos mercados sin abandonar su lógica de autor: producir con diseño, sostener la calidad y desarrollar una identidad propia para cada ciudad.
Fact Sheet
- Inversión local Palermo Soho: USD 250.000
- Superficie: 120 m²
- Producción anual: 16 toneladas de chocolate (sin contemplar Buenos Aires)
- Producción mensual: 1,5 toneladas
- Crecimiento anual: 15%
- 75 productos disponibles + colecciones especiales
- Locales: Ushuaia, El Calafate y Buenos Aires
- Capacidad productiva en Buenos Aires: 25 toneladas anuales
- Maestro chocolatero: Adrián Ramírez Cantarell
MOALA PALERMO
Dirección: El Salvador 4723, Palermo Soho
Días y horarios: lunes a sábado de 10 hs. a 21 hs. Domingos de 13 hs. a 21 hs. +Info: moala.com.ar
Redes sociales: @moala.chocolates




